
Los niños autistas no son seres débiles como aparentan, suelen ser terriblemente fuertes, pero su sensibilidad y capacidad o dificultad para esconder lo que los demás esconden con gran facilidad, les hace parecer débiles.
Estos niños cargan con todas las culpas que su entorno esconde en el placar. Ante los ojos de los demás, es un niño bloqueado, con problemas de adaptación, pero en realidad es todo lo contrario. Son niños tan puros que logran sacar la paz más profunda de los padres, o los hace explotar y alejarse.
Es un niño que viene a decirle al mundo “si me quieren, acá estoy y si no, aléjense”. Todas las familias tienen historias vividas o dramas que la propia familia no puede resolver, cuando ocurre esto, se suele pasar las historias a las generaciones siguientes. Todo aquello que se guardó como “secreto familiar” son heredados como “memorias de sociedad” o de “algo prohibido”. Se sigue transmitiendo esta información hasta que el árbol dice “basta”, hay que limpiar toda la porquería y es así como llega un niño autista para reparar esos tremendos secretos que se venían repitiendo.
Cuando hablamos de “dramas vividos” pueden ser: incestos, violaciones, infidelidades, temas de dinero sucio, historias de abusos, abandonos, hijos ilegítimos, suicidios, asesinatos, o cualquier acontecimiento vivido por la persona en forma traumática, que más tarde conformará un trauma familiar. Por lo cual debemos investigar minuciosamente nuestro árbol familiar para encontrar cuál fue el conflicto que hizo que el niño tuviera una información tan pesada que debió crear su propio mundo para no sufrir. También debemos ver el proyecto sentido (períodos que va desde los 9 meses anteriores a la concepción hasta los 3 años de edad del bebé), saber cómo y qué sentía la madre.
Acá hay dos emociones heredadas que son producto de ese secreto familiar que son: CULPA + MIEDO
Es así como ese niño va a limpiar a esa familia y su sentir es:
“Debo ser callado e inexpresivo para no tener que dar cuentas”
“Rechazo a enfrentarme a un mundo tan sucio”
“Me duele lo que veo a mi alrededor”
Por eso, la mejor manera es construir un mundo propio para evitar ser lastimado. Son niños que están, pero no están. Conviven, pero no se involucran. Todo lo ven bello y pacífico. Cualquier cosa que rompa su paz lo altera. Escucha, pero no habla. Su mundo es solo suyo y nadie lo puede contaminar. Esto es lo que los lleva a tener entro otros síntomas: mutismo, retraimiento afectivo, rechazo a los alimentos, ausencia del YO en sus frases y dificultad para mirar a alguien a los ojos. El niño “elije” (de manera inconsciente) el autismo para escapar de la realidad de s u familia y del mundo que lo rodea para no ser herido. Los padres deben comprender que fue elección del niño venir a sanar el árbol familiar y que “sólo él” puede decidir salir un día de esa situación. Él decidirá si quiere vivir la experiencia de la fuga toda su vida o vivir de otra manera. Terminar la fase autista, salir de la mal llamada enfermedad, sólo depende del que la vive, de nadie más.
Los autistas son grandes maestros para lo que le rodean, pues muestran un camino de verdades que se perdió, en muchos casos, tiempo atrás y que ni siquiera se es consciente.
Es importante que los familiares de estos niños compartan con él sus experiencias vitales, sus dificultades, sin hacerlos sentir culpables. Dependiendo del grado de amor, comunicación, honestidad y tolerancia de la familia, el niño podrá mejorar casi a nivel de lo que consideramos “normal”, o bien él decidirá seguir en su mundo si considera que la familia no vale la pena.
Todos y cada una de las personas afectadas por el niño autista tiene algo que aprender de esta experiencia. Para descubrirlo, es necesario observar qué es lo que el niño quiere mostrar.

