¿CUAL ES LA CARETA QUE MUESTRO AL MUNDO?

Es la forma en que quiero que los demás me vean, lo que le muestro a los otros, con el fin de seguir perteneciendo al grupo familia, al clan del cual soy parte, o soy jefe, en definitiva, es lo que quiero que los otros vean de mí, pero en realidad, “ese no soy yo”.

¿Quién soy en realidad?

Yo soy algo mucho más que todo eso, que habita en mi interior. Pero si quiero ver cómo me he readaptado al mundo en que me tocó nacer (para sobrevivir al instante siguiente), me tengo que fijar en mis 6 dientes anteroinferiores, que me dirán cuál es ese equilibrio con mi entorno, como lo consigo y como lo mantengo.

 

¿Cómo me presento ante los demás?

Según como estén ubicados esos seis dientes, me indicarán mi manera de presentarme. Si  aumenté o disminuí  mi agresividad, mi dulzura, mi acogida, mi espacio peri- personal, etc.

 

¿Qué quiere decir esto?

Aumentar mi agresividad, sería  aumentar mi energía masculina,  mi fuerza de voluntad, es decir,  si me caigo me levanto todas las veces que haga falta, y vuelvo a comenzar.

Por el contrario, si debo aumentar mi dulzura, ( aumentando mi energía femenina), adopto una forma de ser, que lleve a los demás a protegerme y solucionarme los problemas.

Cuando hablamos de aumentar mi vigilancia del espacio peripersonal, es no permitir ser invadido por las personas que me rodean. 

Aumentar  mi acogida es aumentar la capacidad de recibir a otros, es aumentar mi energía femenina de acogida para aceptar e integrar situaciones, personas o cosas.

 

¿Cómo disminuyo mi acogida?

Disminuyendo mi energía femenina, mi capacidad de recibir (recordemos que la energía femenina es siempre receptora).

Por ejemplo, si recibo un regalo, estoy pensando como devolver algo de igual o mayor valor que el que he recibido. Esto se debe a que mi sentir es no creer ser merecedora o merecedor  de esa atención, en lugar de solo recibirlo y disfrutarlo como debería se.

En fin, una cantidad de reacciones que debo utilizar a diario, para mejorar mis relaciones con el entorno donde me tocó nacer, y con los personajes con los que tengo que interactuar.

 

¿Dónde se almacena esta información en mí?

Esta información ya la traigo al nacer, mi mapa cerebral me dirá  cómo debo actuar para sobrevivir de la mejor manera en mi grupo gregario. 

Ese mapa cerebral, tiene identificado en que posición y lugar se encuentran mis dientes antero-inferiores para mantener  un   equilibrio cerebro-diente-órgano que nos permitirá  gozar de buena salud.

 

¿Qué pasa ante una situación de estrés?

 Al producirse una situación determinada  de estrés, que provoca en mí, un impacto emocional, al cual debo adaptarme para mantener el equilibrio, nuestro mapa cerebral tiene identificado el lugar exacto que ocupa el diente en la boca, y la posición que tiene, ( que actúa como fusible protector), por lo tanto, si vamos a mover un diente por medio de alguna fuerza (como puede ser la ortodoncia), debemos comunicárselo antes al cerebro mediante la PALABRA.

 

¿Qué haremos entonces?

Descodificamos al paciente, le explicamos en forma verbal que significan sus dientes torcidos, y de esta manera pedimos permiso a su inconsciente para cambiar su posición. El cerebro se da por enterado de esto, y no lo ponemos en estrés,  modifica su mapeo, y cuando la emoción se presenta nuevamente (porque seguro se va a presentar), al ya tener ubicado al diente en su nueva posición no va a producir el estrés.

Por el contrario, si se alinea el diente y no le avisamos al cerebro que lo vamos a hacer, cuando aparece esa emoción nuevamente, no puede encontrarlo en el lugar que estaba y produce al individuo un estrés mayor, más fuerte.

 

¿Por qué debemos informar al cerebro?

Cuando se hace el retiro de la aparatología de ortodoncia, con el tiempo, observamos que determinados dientes vuelven a su posición original, esto lo conocemos como «recidivas», y  no sucede por culpa del profesional ni del paciente, es solo que el cerebro no reconoce la nueva posición del diente, y como la biología siempre tiende a mantener el equilibrio, sabe que con el diente ubicado en su posición original puede hacer frente a esa emoción sin problemas (asegura nuestra supervivencia), cosa que no puede hacer si fue cambiado de lugar y el cerebro no fue informado.

Por eso también para no mantener al paciente en estrés permanente, la contención al final de un tratamiento de ortodoncia es mejor que sea removible, ya que permitirá cierta flexibilidad de movimientos dentales y readaptación del sistema en las horas de no uso.

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